REFLEXIONES DE UNA MUERTE
El asesinato de una niña chimbotana, perpetrado por personas del entorno familiar en combinación con jóvenes estudiantes universitarios del programa de medicina humana al ser secuestrada para pedir un rescate es un acto que merece un descarnado análisis.
No bastan los golpes en el pecho de la familia, amigos y conocidos por la perdida de un ser querido, no bastan los pronunciamientos rimbombantes que se escudan en Dios, no bastan los esfuerzos policiales o judiciales en la búsqueda de la sanción merecida, no basta la consternación del pueblo que obliga a guardar un luto de conciencia; el problema va mas allá de esta consideraciones.
Algo esta pasando en nuestra sociedad, no es muy grande en términos poblacionales, somos cerca de 500,000 habitantes y ya nos estamos comparando en crueldad a ciudades metrópoli con mas de 10 millones de habitantes; a diario vemos asesinatos, violaciones, secuestros, robos, secuelas delictivas de la lacra del narcotraficante; niños y jóvenes portando armas de fuego, siendo protagonistas de gigantescas grescas, trabajadores extorsionados por una jauriílla de delincuentes que exigen cupos laborales de mala manera, etc. Esto no debe continuar, aun estamos a tiempo.
Este acto de maldad es la punta de un témpano de hielo que compromete a toda la sociedad y debe hacernos reflexionar; los culpables y efectores directos no son los únicos culpables, somos todos los ciudadanos; tenemos algún grado de responsabilidad.
La perdida de valores, la falta del respeto hacia el hombre y la vida, la falta de seguridad ciudadana, la vorágine de la comunicación mal encaminada y mal usada (Internet: pornografía, el estudio del copia y pega, el chateo. La TV con la mayoría de sus programas basura, los programas informativos y políticos poblados de información emitida según las necesidades de un buen pagador), el egotismo extremo que sobrevalora el interés personal a expensas del bien social, el deseo de hacerse rico con el menor esfuerzo, la falta de comunicación a la conciencia, el deseo de atravesar el camino de la vida sin mirar atrás, todo se vende, todo se compra, conciencias, libertades, honras, la justicia, las instituciones, etc. Observar que la impunidad es pan de cada día, el delito no paga, prescribe y si hay sanción no hay una relación proporcional con el delito, la mayoría de la prensa y la opinión puesta en estos medios, solo representa el escándalo, no educa, generalmente no es efectiva.
La población en Chimbote esta llegando a la anomia, esta inactiva en su reclamo, las organizaciones que pueden canalizar sus inconformidades y demandas están secuestradas y amordazadas por que sus dirigentes se ofrecen al gobernante de turno por unas cuantas monedas, u ofrecen en bandeja de plata las cabezas de los reclamantes configurándose en verdaderos traidores.
Las autoridades electas, o puestas a dedo mediante el arte político, se enriquecen, mienten como les da la gana, actúan delincuencialmente en algunos casos y sobretodo no les pasa nada, el uso de portátiles acalla las protestas, se llega a los extremos de hacer fiestas callejeras con el dinero de todos, amenizados por grupos musicales de moda y calateos por doquier, para solo comunicar sus proyectos.
Los presos se fugan por la puerta de la corrupción, el narcotraficante que tiene dinero a expensas de la destrucción de la persona, instituciones, y sociedad en su conjunto, es el don, el señor, el intocable, el cada vez mas ricos.
Los que deben alzar su voz de protesta callan; son escasos los valientes, contados con los dedos de una mano; si estos luchan contra la corriente son llamados locos, sus acciones son rebajadas a situaciones quijotescas, sus esfuerzos solo logran mover molinos de viento, la indiferencia con que son tratados por la sociedad los lastima, y los frena. Único o talvez no exista aquel que sea capaz de sacrificar la vida, su familia, en defensa de sus ideales.
Lo descrito solo es la costra del verdadero problema que le toca enfrentar a la sociedad chimbotana; Que así como va, no se augura un buen futuro para su desarrollo sostenido.
La otra cara de este problema es la falta de educación, la falta de cohesión del núcleo familiar, la escasa importancia que se da a la formación del individuo, que mal forma su personalidad.
La personalidad nunca termina de formarse; pero durante la niñez, la adolescencia, la juventud y la adultez siempre deben ser vigiladas, apuntaladas, y nutridas de buenos valores; es tarea de los padres, del colegio, de los amigos, de la universidad, del centro laboral; la pobreza no debe ser la excusa.
La personalidad sublimiza el carácter con el que se nace; este binomio nos da la fortaleza para la opinión, el trabajo, y el buen transito por la vida ; forja la conciencia para tomar el camino correcto, y sobre todo fortalece el espíritu al desterrar la envidia y el deseo malsano.
La persona es el núcleo de la sociedad, si esta es fortalecida, habrá muchas personas con principios y valores, y este asesinato solo se habría producido en la cavilación de una novela rocambolesca chimbotana, y talvez hoy no tendríamos que estar en una procesión de golpes de pecho hipócrita.
Mis más sinceras condolencias a los familiares de esta niña angelical que no tendría que haber muerto de esta manera y menos por las razones que ahora conocemos. Estoy con ustedes.
Dr. Jorge Ramal Niquén
Chimbote, 11 de marzo del 2009.