LA GRANJA DE LUDWIG
En el continente americano se asentaba una nación, de muchas contradicciones, en la que se entremezclaban diferentes razas, con historia, costumbres, religiones, estratos sociales, formas de pensamientos, e idiosincrasias; muy diferentes.
Esta incomprensible nación, estaba muy arraigada a la tierra, la que establecía diferencias marcadas, pues ofrecía a sus gentes toda la gama de climas existentes en el mundo conocidos, que los hacia a la vez especiales; aunada al sentimiento regionalista, y hasta micro regionalista que los impregnaba.
Su costa; cruzada por grandes ríos que nacían en las alturas serranas, con un panorama a veces desértico, intercalado por hermosos y ricos valles; bañada por el pacífico mar, que arenaba sus blancas playas; algunas de ellas contaminadas por el insufrible, y bienvenido desarrollo pesquero; se ubicaba en su centro una pequeña granja, llamada Ludwig.
El centro de la costa, es una ubicación referencial para posicionar a Ludwig, por lo que uno de los sujetos que nutrió esta historia, decía que se encontraba cerca de una plazoleta de pescadores y que éstos eran dueños de un mar muy rico, donde se podía pescar con la mano otroramente, y que hoy lo hacen en poderosas bolicheras, quemando el pescado para convertirlo en harina; y del tal actividad mana un olor solo comparado al oro que sustenta económicamente a gran parte de sus pobladores.
Ludwig era un nombre extraño para una granja; algunas gentes dicen que adoptó este nombre hace varias decenas de años; Que provenía del heredero de un gran empresario de ideas con una fama que rebasó América; que supo conducir al éxito muchas granjas en toda esta nación, aglutinándolas en una mística y en un fervor muy particular, dejando una huella profunda en sus seguidores. Otros dicen que en esta granja se escuchaba una gran sinfonía melodiosa de ideas, y que por ello en remembranza al gran genio de la música llamado Ludwig Van Beethoven, se le puso ese nombre.
En todo caso, éstas solo son dos aseveraciones populares, de las muchas que se tejen en torno al nombre de esta granja, por lo que siempre dará pie a la especulación, y/o quedará en el misterio de la leyenda conforme transcurran los años; y siempre estará nutriéndose con el acervo imaginativo de sus gentes.
En ésta granja costeña se desarrollaron muchas historias, que algunos cuentistas e historiadores se han encargado de difundirlas; pero hasta hoy, nunca escuché lo que transcribiré para ustedes.
Es sabido que de esta granja, salieron muchos granjeros con cierto poder, que envés de dedicarse a esta actividad, prefirieron dedicarse a la agricultura arrastrando al personal de la granja, para convertirlos en peones agricultores temporales de sus nuevas chacras.
Dicen que algunos Jefes, obtuvieron sus chacras de formas variadas; no siempre legales, y con contadas excepciones dignas de admiración; lo que les trajo grandes beneficios, pero nunca, nunca se acordaron de su Ludwig, la cual continuó en el abandono.
Otros Cayeron en desgracia después de haber subido muy alto, y como el hijo pródigo poco arrepentido de sus inequidades y desprestigio, volvieron a su Ludwig para tentar una nueva oportunidad.
Algunos de estos jefes al salir de la granja ascendieron peldaño a peldaño sin cortar el cordón umbilical con Ludwig para seguir encumbrándose; solamente estaban limitados por el techo que dura la vida de un hombre; pero de igual forma siguieron a la ingratitud, su fiel compañera; y jamás volvieron la vista a su rebaño que lo ayudó a subir en un tiempo.
A pesar que muchos jefes han salido de Ludwig; esta granja no ha cambiado de forma, él rebaño a cambiado mínimamente; a veces pocos, a veces muchos en número, es decir aumentan o disminuyen de acuerdo a la temporada de adquisición de chacras.
Estos jefes, algunos ocasionales, no se han preocupado de mejorar la calidad del rebaño, muchos de los peones que en ella trabajaron especializados o no, la tuvieron que abandonar, o fueron expulsados para evitar la competencia, y poder estos jerarquizados adquirir sus chacras libremente, y/o por el celo de que se conviertan también en jefes, eran los motivos para la expulsión de la granja.
Ludwig cambio poco en su infraestructura, pero en lo que sí cambió, es que poco a poco va perdiendo identidad y se ha transformado paulatinamente; pasando de ser un a granja de ideas, mística, y trabajo para el beneficio de la mayoría; en una granja netamente mercantilista; por lo que siendo floreciente en un principio, actualmente se debate entre la agonía y la muerte, a pesar de la careta de bienestar que muestra.
Existen actualmente jefes que intentan imitar a sus antecesores; superándolos solo en la ambición desmedida que poseen, secuestrando chacras para su beneficio, vendiendo pequeñas parcelas al mejor postor, usando el viejo mecanismo de la extorsión y comportándose cruelmente con el rebaño que les da apoyo; esquilando sus lanas con falsas promesas, poniéndoles grilletes para que no se salgan de la línea, pero sin olvidarse vendarle los ojos del alma para atropellar su honor y moral.
Me contaron que producto de este mercantilismo, en el interior de Ludwig se produjo una gran disputa entre varios jefes que pugnaban por subir por una escalera estrecha de peldaños débiles, debilitando aun más el prestigio otroramente ganado de la granja; captando la atención de la población, la radio, la televisión y de los gobernantes de esta rica nación.
En estas disputas no faltaron los petardos que asordaban, bombas lacrimógenas que hicieron llorar obligadamente al rebaño, policías que intentaban poner calma, y orden; sin contar las carreras despavoridas en pos de un buen recaudo, los gritos y palabras indescifrables que solo parecían a los idiomas escuchados en la Torre de Babel.
Cuentan que la mayoría del rebaño abandonó temporalmente Ludwig; los que no salieron aprovecharon el pánico para adueñarse de la escalera referida; posteriormente en mayoría conveniente, aleccionaron a los engrilletados que volvieron al recinto, y se ratificará después el mercantilismo.
Seguramente muchos de los engrilletados recibirán sus premios, a otros no los tomarán en cuenta, les ofrecerán la espalda como casi siempre; pero después de todo, contra viento y marea y a pesar de ser escaso el número de éstos; ayudaron a sus jefes menores, pertenecientes a otras granjas de similar estirpe, a subir por la escalera; logrando así, acceder al primer peldaño en su carrera a la cima.
Al día siguiente a este bochornoso episodio, hubo muchos reclamos en protesta a este mercantilismo menor, con decibeles altos; pero aún así, “La sangre no llego todavía al rió”.
Estos jefes provenientes de otras granjas, nominados parcializadamente; Obedecían la consigna de uno que momentáneamente era de mayor jerarquía, él cual resaltaba por sus botitas con tacones aperillados. Del cual dicen, recibió una suculenta bolsa para asentar sus fraudulentas y convenientes designaciones; y para engordar con ésta a los jefes de otra granja con mayor jerarquía.
Esta historia actual que me contó; quien tuvo la oportunidad de vivir de cerca estos acontecimientos, tenía una segunda parte que opacaba en colorido a la primera y que tengo la suerte de transmitir a las futuras generaciones, en la esperanza de que esta granja recupere el prestigio de antes, y/o tenga que ser refundada con enriquecidos y mejores principios, basados en sus ideas primigenias.
Según mi relator, a ésta granja de mayor jerarquía llego la noticia de lo que pasó en Ludwig; pero para sorpresa de los reclamantes, que duplicaban o a veces triplicaban en número a los favorecidos; los hechos acaecidos en Ludwig no fueron tomados en cuenta y por el contrario enaltecieron la capacidad para el engrilletamiento por parte de botitas. Diciendo de el que aprendió bien.
En esta granja mayor se mejoró el plan de engrilletamiento, pues la mercancía era muy grande; por lo que la estrategia mercantil tenia que ser refinada, para que pase desapercibida ante los ojos del rebaño y sobre todo oculta ante los ojos mediáticos. Esta intención fue lograda parcialmente, puesto que mi relator me contó esta historia con lujo de detalles y yo puedo transmitir a Uds. De como se eligió a los futuros jefes de chacras en todo ese país.
Muchos de los jefes provenientes de los lugares más recónditos de este colorido país llegaron a esta gran granja para ser favorecidos con chacras de diferentes extensiones y variedad de cultivos; muchos de ellos presentaron excelentes curriculums, con carreras profesionales y laborales muy prestigiosas en sus provincias, muestras de gestiones agrícolas muy exitosas, manejo de granjas similares a Ludwig muy relevantes, pero de nada les sirvió, puesto que aquí solo valía “el toma y daca”, o mejor dicho “tanto me das tanto obtienes”; es decir se otorgaba el predio al mejor postor. Ó sea esta gran granja central se había convertido en un triste mercado.
Cada vez que profundizaba la historia, y mi relator emitía una frase, de sus ojos escapaba una lagrima de pena, que hacia bajar el tono de su voz, y entrecortaba la ilación de su narración. Por mi parte, escuchaba con atención sin interrumpirlo. Llegó el momento en que enmudeció bruscamente y explotó en sollozos; atinando solo a abrazarlo y decirle en voz baja: Gracias por contarme esta historia compañero.
Al día siguiente, desperté con sobresalto de la cama, e inmediatamente recordé el sueño, que nítidamente se relacionó inversamente al relato que la tarde anterior acababa de escuchar; es decir, visualice una Granja de Ludwig diferente, con las paredes de sus cobertizos nuevos y pintados, con rediles ordenados, que congregaban a un rebaño inteligentemente disciplinado, mejorado en su calidad, distribuido adecuadamente por tamaño, color , afinidad, edad y sexo; con jefes, adecuadamente uniformados, jerarquizados, de sonrisa franca y abierta; cada uno de ellos instruyendo a su rebaño asignado; en modos, costumbres e ideas de otrora; además lo vi, no podía creerlo; Si a él de visita, al conductor de todas las granjas, al heredero, a Ludwig; estaba flanqueado por nuevos y remozados jefes, me acerqué prontamente para saludarlo; Ludwig me respondió: “El Ojo del amo engorda al ganado”;Yo respondí con hidalguía: “Esta es Ludwig que le parece”; Me miró inquisitivamente y aseveró: es lo que esperaba; el cambio empieza desde adentro, e intento hacer el cambio responsable afuera por el bien de mi país.
Estando soñando no quería dejar de soñar, pues en mi sueño estaba viviendo una dulce realidad, sin embargo dije “todo tiene su final”; parafraseando a Héctor Lavoe y dejando este mundo de la subjetividad para retomar el afán de la mañana.
Dr. Jorge Ramal Niquén.
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