LAS RODILLAS DE LUDWIG
Después de unas largas vacaciones en la granja de Ludwig, donde enriquecía mi baúl de historias, un sujeto al cual le decían veneno por la calidad de sus expresiones, me contó lo siguiente:
Sucedió que uno de sus amigos estando con un dolor en las rodillas, causado por su afición al fútbol, consultó con un médico de la localidad por el malestar que lo aquejaba.
El médico lo examinó y le dejó un tratamiento por una semana, diciéndole que solo se trataba de una inflamación. Al transcurrir la semana, el sujeto volvió a ver a su facultativo, diciéndole animadamente, que el dolor había calmado con la medicación que había recibido; pero que sin embargo, de vez en cuando sentía pequeñas molestias al caminar.
El médico le preguntó “si había usado las rodilleras”. El amigo de veneno contestó: que había recorrido todas las farmacias de la localidad, visitó las casas de deportes, e incluso a los ambulantes del mercado en busca de las rodilleras, sin encontrarlas; y que por ello no las pudo adquirir; refiriéndole vagamente, que ya las habían comprado todas.
Veneno cuenta, que al médico le pareció rara la aseveración del paciente; por lo que le preguntó, ¿si él sabía la causa? El paciente, dijo que le respondió irónicamente al médico, con toda la seriedad que ameritaba la consulta, diciéndole así: Los dependientes me dijeron en algunos de los lugares visitados por la intención de compra, que “Un señor con tacones aperillados, engastados en un par de botitas, de caminar coqueto, altanero, y elegante, de nombre no identificado, las había comprado todas”.
En medio de la solemnidad de la conversación, el médico rió largamente, y con palabras hilarantes aseveró: Seguro que ese señor quiere una chacra, creo que lo conozco, estoy seguro que maneja Ludwig por ahora; sé también, que no le duelen las rodillas, pero creo que usará esas rodilleras para él y sus amigos.
También mencionó sin para la hilarancia, que no era el primer paciente que le hacia este relato, pues casi siempre coincidía con la venta de chacras en una región mas grande, donde actualmente campea el mercantilismo.
El médico sabía lo que decía; creo que conoce Ludwig, dijo veneno. El amigo de veneno salió de la consulta aliviado; y cuenta que no volvió a sentir molestias en la rodilla, a pesar que no usó las rodilleras.
Nos hicimos muy amigos con veneno, pues siempre tenia una anécdota jocosa que contarme.
Una vez me relató, a propósito de este médico al cual conoció últimamente, lo siguiente:
Dice que estando tomando un café, le hicieron al médico una consulta en el siguiente tono: “Dr. ¿Que hago?, me duelen las rodillas, siento como si un alambre me hinca dentro de la rodillas”. La respuesta del médico casi instantánea no se dejó esperar y le respondió: Fácil mi amigo Huapaya, “Te quitamos el alambre y veras como se alivia su dolor”.
La risa fue interminable entre los amigos, y el paciente ocasional. Acto seguido, el médico y paciente retomaron la conversación seriamente, absolviéndose la consulta al paso.
Dr. Jorge Ramal Niquén.
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