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REPRESENTATIVIDAD Y LEGITIMIDAD

REPRESENTATIVIDAD Y LEGITIMIDAD

La representatividad es una condición que implica al representante, el representado y la causa a representar. Cuando hablamos de representantes congresales (congresistas) nos referimos a aquellos que siendo electos representan a la nación, y no dependen de sus partidos (un congresista puede votar diferente al voto de su bancada), ni de sus electores que lo eligieron. Léase, no están obligados a cumplir sus promesas electorales, ni tampoco votar como lo dicta su partido; es decir tienen un mandato que refleja autonomía (mandato representativo). En estas circunstancias nuestro sistema constitucional no contempla una democracia participativa y consecuente, en tanto que la forma de corregir estos vicios de representación debe ser la renovación por tercios o mitades del congreso propulsada no por los partidos políticos sino por el pueblo que voto en las distintas jurisdicciones electorales; ésta es una manera de hacer valer el derecho de representación regional en el congreso. Por el momento ambas formas de representatividad (representativa e imperativa) deben coexistir para legitimar una gestión.

La legitimidad en sentido nato corresponde a la orientación del voto; es decir cuanto mayor es la votación obtenida por un representante, la legitimidad de su mandato es mayor. Pero la legitimidad es una condición subjetiva y se dice que un representante legitima su mandato cuando es capaz de influir con el en los electores que le dieron la confianza y por ello cumplen sus directivas sin cuestionamiento. Cuando el representante carece de la calidad de hacer que sus directivas, juicios o acciones sean acatadas por estos pierde legitimidad; pudiendo suceder que un representante elegido sea ilegitimo. También se puede decir que el representante elegido discutiblemente tiene carácter de ilegitimidad.

La votación es una forma de buscar un representante por la vía democrática. En las instituciones suele elegirse un gerente, director, o representante institucional por concurso o inclusive por la confianza que en él deposita el de mayor rango de poder. En ambas formas de lección institucional no esta garantizada la calidad o éxito de la gestión; sin embargo hay consideraciones y diferencias a analizar.

EL CONCURSO establece representatividad basada en la meritocracia, el conocimiento técnico y además obtiene legitimidad durante el periodo concursado. Generalmente no depende ni de la calidad de la gestión, ni de la opinión o cuestionamiento de su cargo por sus dirigidos. Se puede relegitimizar por sus dirigidos teniendo en cuenta la calidad de su gestión en base a resultados y reevaluación.
Este tipo de representatividad da calidad a las instituciones, imprime valores, normas y orden que se mantienen en el tiempo, le da autonomía al representante, y no deteriora la imagen de la institución o persona de más poder.

LA DEDOCRACIA o el representante elegido por el grado de confianza, amicalidad, nexo político, o interés común con la institución o persona que ostenta mayor poder también es legitima al inicio, y/o siempre y cuando el que nomina sea legitimado por los trabajadores de la institución. El potencial de legitimidad depende de la calidad de gestión y los logros obtenidos en el tiempo, por lo que la confianza puede perderla en cualquier momento, por ello nunca tiene una verdadera autonomía.

Luego de haber leído el precedente argumental se plantea un problema que debe ser resuelto por el lector de este artículo:

PROBLEMA: El concurso en el cual participó un director tuvo severos cuestionamientos de legitimidad; pero aún así gano la plaza al ser el único postulante. Ya culminó su gestión de tres años, y nunca fue reevaluada anualmente como la ley lo exige. La gestión es cuestionada al término de la gestión por los trabajadores de la institución y gran parte de la comunidad. Luego continúa en el cargo (+ de 4 meses) al habérsele ratificado la confianza a pesar que puso el cargo a disposición a la persona de mayor poder y esta la hizo extensiva a la comunidad. Los trabajadores piden un nuevo concurso inmediato.
PREGUNTAS:
¿Cuál fue el grado de legitimidad durante la gestión de tres años? ¿Es legítima o ilegitima la actual gestión? ¿La representatividad es legítima o ilegítima? ¿Debió poner su cargo a disposición o presentar una renuncia irrevocable? ¿Qué grado de amicalismo, mutualismo, tipo de confianza existe o hay algo más entre el director y la persona de más poder? ¿Los que están al entorno renunciaran también?
¿Se debe investigar las causas de la presunta mala gestión directoral revisando documentos, adquisiciones, compras, distribución de partidas económicas, etc.? ¿De encontrar problemas se deben canalizar administrativamente, judicialmente o ambas? ¿Se debe llamar inmediatamente a concurso o debe aceptarse la dedocracia? ¿Este problema estará influyendo en la legitimidad de la institución o persona de mayor poder? ¿Qué tipo de acciones tomaría Ud. Frente a la indiferencia?. Si tiene las respuestas o más preguntas enviarlas a jramaln@yahoo.es

Dr. Jorge Ramal Niquén
Chimbote, 16 de julio 2008.

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